PORTO ALEGRE, BRASIL — La Hermana Inah Canabarro Lucas, reconocida como la persona más longeva del planeta, falleció este miércoles 30 de abril a los 116 años y 326 días. La noticia fue confirmada por la Congregación de las Hermanas Teresianas, con quienes residía en la ciudad de Porto Alegre.
Su partida marca el cierre de una vida excepcional que trascendió fronteras y se convirtió en símbolo de fortaleza, fe y longevidad.
Una vida consagrada a la enseñanza y la fe
Nacida el 8 de junio de 1908, Inah Canabarro fue reconocida como la decana de la humanidad tras el fallecimiento, en enero de 2025, de la japonesa Tomiko Itooka, también de 116 años. Su edad fue verificada por el Grupo de Investigación Gerontológica (GRG) de Estados Unidos y la organización LongeviQuest, ambas dedicadas a documentar casos de longevidad extraordinaria.
Su vocación religiosa comenzó en la juventud. En 1929, tras completar sus estudios en un internado y realizar su noviciado en Uruguay, regresó a Brasil para dedicarse a la enseñanza. Durante décadas, impartió clases de portugués y, especialmente, de matemáticas, materia que enseñaba con notable pasión y dedicación.
Además de ser la persona más longeva del mundo, ostentaba otros títulos notables: era la monja viva más anciana desde el fallecimiento de la Hermana André y la religiosa brasileña que más años ha vivido en la historia del país.
Fortaleza en cuerpo y espíritu
La Hermana Inah enfrentó grandes desafíos con admirable entereza. En octubre de 2022, ya centenaria, logró superar el COVID-19, convirtiéndose en una de las sobrevivientes más longevas de esta enfermedad a nivel global. Este episodio reforzó su imagen como símbolo de esperanza y resistencia.
Quienes la conocieron destacan su fe inquebrantable como el motor de su longevidad. Ella misma atribuía su larga vida a la oración diaria, especialmente al rezo del Rosario, una práctica que mantuvo hasta sus últimos días.
Más allá de su vida religiosa y académica, Inah también era una apasionada del fútbol, deporte que seguía con entusiasmo, aportando un matiz humano y entrañable a su figura de guía espiritual.
Un legado para la historia
El reconocimiento como la persona más longeva del mundo en enero de 2025 representó un hito para Brasil. Durante los casi cuatro meses en los que ostentó este título, su figura inspiró a miles y se convirtió en un emblema mundial del envejecimiento activo.
Su muerte deja un vacío profundo en la comunidad religiosa y entre los estudiosos de la longevidad. Su existencia fue testigo de transformaciones históricas de gran magnitud, desde las dos guerras mundiales hasta la era digital, abarcando más de once décadas de historia.
La Congregación de las Hermanas Teresianas expresó su profundo pesar por su fallecimiento, destacando la ejemplaridad de su vida consagrada y su labor educativa incansable. Aunque aún no se han revelado detalles sobre sus funerales, se espera que diversas figuras del ámbito religioso y civil le rindan homenaje.
Con su partida, el mundo pierde no solo a su habitante más longevo, sino también a una mujer cuya vida fue testimonio de fe, perseverancia y entrega al prójimo. Su historia quedará como inspiración para las futuras generaciones y objeto de estudio para quienes investigan los secretos de una vida larga y plena.
Fuente: Medios
de Prensa Internacionales
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